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Código emperador

FIRMASCódigo emperador

CÓDIGO EMPERADOR DE JORGE COIRA: SECRETOS INCONFESABLES

Luis Tosar protagoniza Código Emperador, de Jorge Coira

¿Los ciudadanos vivimos en un sistema informativo y de medios de comunicación transparente o los escándalos políticos saltan a golpe de titulares movidos por hilos de los que no somos conscientes? ¿Nos llegan versiones rigurosas y contrastadas de los hechos y acontecimientos a través de los periódicos y los noticiarios de radio y televisión o las mismas están distorsionadas y manipuladas por intereses y poderes que se mueven entre bambalinas? Aunque se habla mucho de las fake news y de cabeceras de internet escasamente fiables, no se suele contar la otra cara del fenómeno: la pérdida de credibilidad de los medios de comunicación tradicionales y la escasa confianza que sus lectores, oyentes y espectadores ya tienen en las visiones que los mismos ofrecen de la realidad. Podríamos decir que existe algo así como la intuición social de que algo está ocurriendo a espaldas de la opinión pública, que muchas cosas suceden fuera de la mirada ciudadana, y que no sabemos qué es lo que es (parafraseando al Bob Dylan de Ballad of a Thin Man).

Código Emperador nos lleva a los mecanismos de poder ocultos en España

Hace ya varias décadas que la política española parece regirse por dinámicas en las que los escándalos surgen cuando interesa a determinados grupos, que se ponen en marcha campañas cuyo objetivo nunca es declarado y se generan polémicas y controversias que, de la noche a la mañana, desaparecen del debate público sin que haya llegado a resolverse el trasfondo de las mismas y sin que lleguemos a saber los motivos por los que, primero, afloraron y, con posterioridad, se evaporaron como si nunca hubieran existido. Los términos “cloacas”, “dosieres”, “espionaje”, “chantaje” y “seguimientos ilegales”, contradictorios con una democracia y un Estado de Derecho escrupulosos con sus principios, llegan a formar parte del vocabulario político e informativo sin que se aprecie motivo de alarma o preocupación. Todo este contexto es al que hace referencia la película Código Emperador (2022), la cual está disponible en Netflix.

Denis Gómez y Georgina Amorós jugarán a un juego del que ambos acabarán siendo víctimas

Código Emperador fue la película que inauguró la edición de 2022 del Festival de Cine de Málaga. Su director es Jorge Coira, quien, con anterioridad, dirigió los largometrajes El año de la garrapata (2004) y Eroski Paraíso (2019) y episodios de las series de televisión R. I. S. Científica, Padre Casares, El comisario, Pelotas, Piratas, Sé quién eres e Hierro. El guionista es Jorge Guerricaechevarría, autor (o coautor) de los libretos de tantas películas conocidas de nuestro cine como Acción mutante (1993), El día de la bestia (1995), Perdita Durango (1997), Muertos de risa (1999), La comunidad (2000), 800 balas (2002), Crimen ferpecto (2004), Los crímenes de Oxford (2008), Las brujas de Zugarramurdi (2013), Mi gran noche (2015), El bar (2017), Perfectos desconocidos (2017), Veneciafrenia (2021) y El cuarto pasajero (2022) de Álex de la Iglesia, Carne trémula (1997) de Pedro Almodóvar, Platillos volantes (2003) de Óscar Aibar, La caja Kovak (2006), Celda 2011 (2009), El Niño (2014) y Las leyes de la frontera (2021)  de Daniel Monzón, Cien años de perdón (2016) y Hasta el cielo (2020) de Daniel Calparsoro, o Quien a hierro mata (2019) de Paco Plaza. El reparto lo integran en los principales papeles Luis Tosar, Alexandra Masangkay, Georgina Amorós, Denis Gómez, Laura Domínguez, Miguel Rellán, María Botto, Arón Piper y Juan Carlos Vellido.

En la película, Miguel Rellán interpreta al superior del personaje encarnado por Luis Tosar

Luis Tosar da vida a un ambiguo personaje que forma parte de los servicios secretos españoles. A lo largo de la película, lo vamos siguiendo en los distintos casos que investiga. Algunos, parecen coherentes con los cometidos que deberían llevar a cabo. Otros, resultan inexplicables y extienden una sombra de sospecha sobre la legalidad y legitimidad de sus acciones, de las de sus compañeros y de las de las órdenes dadas por sus superiores. La operación en la que acaba implicado en relación a un jugador de fútbol ya nos provocará la perplejidad (¿qué hace un agente del servicio secreto metido en un asunto como ese y montando una tan sorprendente como censurable maniobra de encubrimiento?). Pero la turbiedad de su comportamiento quedará confirmada cuando lo veamos, presuntamente, investigando a un político con el fin de descubrir si oculta alguna conducta reprobable y asistamos a que lo que hace, finalmente, es diseñar un plan para que dicho político caiga en la trampa que él le ha preparado. Todas las tramas en las que se ve envuelto le provocarán crecientes dilemas éticos hasta llevarle a la encrucijada de decidir sobre si debe seguir con la misma vida o hacer borrón y cuenta nueva.

Luis Tosar y Georgina Amorós en un momento de la película

Hay que admitir que hay un aspecto de la película que le resta verosimilitud y es que no acaba de resultar creíble que un mismo agente sea encargado de asuntos tan diferentes entre sí en tan corto espacio de tiempo. Pero lo verdaderamente interesante de Código Emperador es que plantea con sutil crudeza cómo el juego político e informativo se halla manejado por poderes e intereses que se ocultan en la sombra con el fin de mantener controlada a la opinión pública y a quienes pasan por ser los líderes de sus formaciones políticas y representantes formales de los ciudadanos. Lo que Código Emperador muestra es una brutal distancia entre los que parecen ser los mecanismos democráticos establecidos de gestión y manejo del poder y el funcionamiento real de dichos mecanismos, que no tiene nada que ver con los reconocidos y que parecen basarse en que una minoría al margen del escrutinio público descabalgue y coloque a dirigentes políticos y filtren y manipulen continuamente la información con el fin de mantener incólume el statu quo vigente.

La relación que, en ‘Código Emperador’, Luis Tosar mantiene con Alexandra Masangkay alimentará las dudas éticas del personaje.

Aunque con un desenlace que puede invitar, en cierto modo, al optimismo, la situación que recrea Código Emperador es profundamente inquietante. Si en El arreglo (1983) de José Antonio Zorrilla, los mecanismos autoritarios ocultos en las estructuras de poder se basaban en la violencia, ahora serían mucho más velados, subrepticios y sibilinos. ¿De qué información nos podemos fiar y cuál debemos considerar como pura intoxicación y distorsión de la realidad? ¿De quién debemos desconfiar y a quién podemos conceder pleno crédito? Tras ver Código Emperador, llegaremos a la conclusión de que estas preguntas no tienen ni sencilla respuesta ni fácil solución.

Toda la trama de Código Emperador terminará resultando al espectador profundamente inquietante.

© José Manuel Cruz. Noviembre 2022. Todos los derechos reservados.

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