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Cielos de plomo

LIBROSReseñasCielos de plomo

CIELOS DE PLOMO

Autor:  Carlos Bassas del Rey

Editorial: Harper Collins Ibérica

Tapa blanda. 155 x 230 mm.  304 páginas.

ISBN: 9788491395911

Sinopsis:

Las murallas ahogan la ciudad y las chimeneas llenan de humo sus cielos volviéndolos tan sucios, oscuros e irrespirables como sus calles, en las que se hacinan los trabajadores de las cada vez más numerosas fábricas junto a vagabundos, pedigüeños, pobres de solemnidad y algunos grupúsculos de delincuentes como «la Tinya», formada por huérfanos y ladronzuelos de poca monta que se dedican al hurto y al intercambio de todo tipo de información que pueda valerles un real. Miquel Expósito es uno de ellos.

El cuerpo de Víctor, su mejor amigo, aparece abandonado en un callejón. Ayudado por Andreu Vila, un gacetillero en horas bajas, y por los ilustres doctores Mata y Monlau, Miquel inicia una investigación que le llevará a descubrir una extraña cadena de asesinatos que parecen obra de la misma mano y que guardan una peligrosa relación con varios de los industriales más poderosos de la ciudad… y el tráfico de esclavos a Cuba.

Carlos Bassas, premio Hammet 2019, nos trae con Cielos de plomo una novela de trama incisiva e inquietante que nos arrastra por las calles de una urbe cada vez más asfixiada e insalubre; por las frías losas del depósito de cadáveres del cementerio de los condenados, el anfiteatro anatómico del Real Colegio de Cirugía, algunos salones burgueses, viviendas de mala muerte y los cafés de una ciudad sin alma que no hace otra cosa que devorar a sus propios hijos.

RESEÑA:

Carlos Bassas del Rey (Barcelona, 1974) se ha hecho un nombre, principalmente, como autor de novela negra a través de tres casos del inspector Herodoto Corominas, El honor es una mortaja (2013, VII Premio Ciudad de Carmona), Siempre pagan los mismos (2015) y Mal trago (2016), a los que han seguido Justo (2018, Premio Hammett 2019 de la Semana Negra de Gijón) y Soledad (2019). Entre 2015 y 2018 fue director del festival Pamplona Negra. Al mismo tiempo Bassas, que practica artes marciales y está fascinado por la cultura del Imperio del Sol Naciente, ha cultivado la novela de aventuras de temática japonesa con la saga de Aki Monogatari, Aki y el misterio de los cerezos (2012), El misterio de la gruta amarilla (2015) y El samurái errante (2018), e incluso la poesía de estilo oriental con Mujyokan. 72 haikus y un jisei (2016).

En Cielos de plomo el autor da cierto giro en su trayectoria, si bien solo parcial. Su nueva obra se encuadra en ese género híbrido que constituye la novela policíaca histórica o novela negra histórica y que actualmente está muy en boga, aunque no siempre se identifique como tal. La acción transcurre en la Barcelona de 1843, una ciudad sobrepoblada aprisionada dentro de unas murallas que las autoridades militares se niegan todavía a derribar para proceder a su ensanche, reducida a lo que ahora se llama la Ciutat Vella y que aún no había incorporado poblaciones circundantes como Gracia, Sants, Les Corts o Sarriá. Una ciudad que, pese a ello, ya se ha industrializado, se ha llenado de fábricas que sin cesar expulsan a la atmósfera una nube de humo y vapor que acrecienta la sensación de claustrofobia. Por cierto, la novela inicialmente iba a llevar como título La ciudad de vapor, que hubo de mudar ya que este mismo título había sido elegido por Planeta para publicar una póstuma colección de relatos de Ruiz Zafón.

El protagonista de Cielos de plomo es Miquel Expósito, abandonado al nacer en el torno de los huérfanos de la Misericordia y que forma parte de La Tinya, una organización de jóvenes ladrones callejeros. Sí, todo suena muy a Oliver Twist. El homenaje a Charles Dickens es deliberado. Bassas explica que ha querido escribir una novela de cordel, al estilo decimonónico, para reflejar esa misma época de grandes cambios y de grandes conmociones sociales, donde el Londres victoriano cede paso a la Barcelona isabelina, no menos apropiada para este tipo de historias. A lo largo de una truculenta historia de misteriosos crímenes que se van produciendo por las calles de la Ciudad Condal, el protagonista se va enfrentando a las conspiraciones políticas propias de la Regencia de Espartero, al abismo entre las clases sociales que conviven dentro de las murallas barcelonesas, la floreciente burguesía urbana y los desposeídos que malviven en la calle; a la cuestión del tráfico de esclavos o a los balbuceos de la medicina legal. Y también se abordan temas clásicos del género negro, la difícil combinación entre la aspiración a la justicia y la pulsión por la venganza, los conflictos de lealtad, la corrupción, la naturaleza del mal.

El autor ha elegido una época de la historia de España habitualmente desaprovechada por los escritores de novela policíaca histórica de nuestro país. En los últimos años hay una época que se ha convertido en la estrella de este género híbrido, la Guerra Civil y el franquismo, que sin duda ofrece muchos alicientes tanto para los escritores (citemos, a título de ejemplo, a Pérez-Reverte, Ignacio del Valle, Guillermo Galván o Jordi Sierra i Fabra) como para los lectores. Por su parte, los autores que eligen el siglo XIX tienden a ocuparse más de las azarosas épocas de su principio, el tránsito de la Revolución francesa a la Guerra de Independencia (Baltasar Porcel, C. A. Yuste, Álvaro Arbina), o de su final, del Sexenio Revolucionario a la Restauración (Jerónimo Tristante, Ian Gibson, Guillermo Galván Olalla). El reinado de Isabel II ha quedado aprisionado entre ellas y suscita mucho menos interés novelístico (entre lo poco que conozco situado en ese período, La cajita de rapé, de Javier Alonso García-Pozuelo, y El crimen del sistema métrico decimal, perdón por la inmodestia de la auto cita, que transcurren bajo los gobiernos de O’Donnell y Narváez). Contrasta esto con lo que sucede en otros países como el Reino Unido o Francia. La época central del siglo XIX, donde en la mayor parte de Europa se afianza el Estado constitucional y se institucionaliza la economía capitalista, es la del nacimiento tanto de la policía moderna y de los detectives como de la novela policíaca. Esa atmósfera que rodea a la obra de Dickens, de Wilkie Collins, de Conan Doyle, de Catherine Louisa Pirkis, de George R. Sims, de Émile Gaboriau, de Jules Beaujoint, de Henry Cauvain, es recreada muy a menudo por muchos escritores actuales que vuelven su vista a esos tiempos para situar la trama de sus novelas (por citar algunos, Peter Lovesey, Anne Perry, David Dickinson, Emily Brightwell, Armand Cabasson, Claude Izner, Hervé Jubert, Béatrice Nicodème).

Esos años centrales del siglo XIX, en España, ofrecen muchos hitos que pueden ser útiles para los cultivadores del género policíaco histórico y muy atractivos para sus lectores. En 1824 se crea la Policía General del Reino, que convencionalmente se considera el antecedente de la policía actual; en 1829 surge el Real Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras, en 1844 se crea la Guardia Civil. En 1835 surge el Ministerio de la Gobernación (luego del Interior), que se encargará del orden público en las dos centurias siguientes; en 1833 se produce la división provincial y al frente de cada provincia se pondrá a un jefe político, que desde 1849 se denominará gobernador civil. En 1834 se crean los partidos judiciales y en 1835 los juzgados de primera instancia, encargados de perseguir los delitos en cada partido. En 1843 se crea la primera cátedra de Medicina Legal, que ocupa Pedro Mata y Fontanet (el cual, no por casualidad, aparece como uno de los personajes protagonistas en Cielos de plomo), autor del Tratado de Medicina y Cirugía Legal (1846) que utilizaron varias generaciones de estudiantes. En 1855 se crea el Cuerpo de Médicos Forenses. En 1837 queda abolida la esclavitud, pero solo a este lado del Atlántico, hasta 1873 no será abolida en Puerto Rico y hasta 1886 en Cuba. En 1848 se construye el primer ferrocarril en la España peninsular (en Cuba funcionaba desde 1837) entre Barcelona y Mataró. En 1854 se implanta el telégrafo eléctrico; en 1873 llega el teléfono. En 1859 se inicia la primera Guerra de África de las que sostendrá España en Marruecos. Desde mediados del siglo se empiezan a utilizar las fotografías para identificar a las personas, aunque no será hasta 1895 que se implanta el sistema de identificación antropométrico de Bertillon. El Banco de España se establece en 1856 y a partir de 1874 tiene el monopolio de la emisión de billetes. En 1888 Daniel Freixa crea en Barcelona la primera agencia de detectives privados, La Vigilancia y Seguridad Mercantil. Hay, por tanto, un amplísimo campo de oportunidades para ubicar tramas policíacas a lo largo del siglo XIX y reflejar los grandes cambios sociales y políticos que se produjeron en aquella época y que, en buena parte, alumbraron muchas de las instituciones que hoy todavía funcionan.

© Miguel Izu. 2022. Todos los derechos reservados.

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