miércoles, septiembre 28, 2022

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Artículo con polémica.

EditorialArtículo con polémica.

Ante la polémica surgida sobre el contenido del artículo firmado por el escritor Luis Artigue titulado «Feminismo y Novela Negra»  publicado en este mismo número, el equipo Directivo y de Redacción, cumpliendo las normas periodísticas vigentes, pone EL SAYÓN a disposición de cuantos lectores y escritores cuanto consideren oportuno responder.

Insistimos desde el primer número publicado, y así consta, «Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que su publicación en EL SAYÓN suponga que la revista comparta lo expresado en el mismo. EL SAYÓN expresa sus opiniones a través de comunicados y editoriales firmadas por el equipo de Dirección»

Así pues, publicaremos con caracter inmediato aquellos artículos remitidos con referencia a la discrepancia surgida, siempre y cuando nos remitan junto al artículo, datos identificativos y de contacto de quienes lo firman.

Dirección y Redacción de EL SAYÓN.

Luis Artigue – Escritor

Artículo de Opinión:  FEMINISMO Y NOVELA NEGRA

Firmado por:  LUIS ARTIGUE.

Publicado el 13 de Septiembre de 2021 en el periódico digital EL TAQUÍGRAFO

Publicado el 10 de diciembre de 2021 en la revista digital EL SAYÓN.

EL POZO de Berna González Harbour, y EL SALTO DE LA ARAÑA de Graziella Moreno.

Para conocer el verdadero tono el blanco -dice Aristóteles- hay que confrontarlo con el negro.

Para darse cuenta de que una novela negra actual no aporta nada al entendimiento del mal que supone en noir y nada al componente feminista que está actualmente enriqueciendo el noir contemporáneo, hay que confrontarla con otra que sí lo hace.

En este sentido, los que pensamos que el feminismo es un movimiento político que se inscribe en la lucha que se viene librando a lo largo de toda la Historia en contra de la arbitrariedad del poder, y en pro de un mundo mejor (y en este sentido consideramos que la igualdad en dignidad derechos y deberes que propugna el feminismo político no es algo bueno para las mujeres, sino bueno para todos y todas)…

Los que opinamos que, además, el feminismo es un movimiento conceptual (de hecho el movimiento conceptual más importante del siglo XX) con decisivas aportaciones epistemológicas a la Teoría del Conocimiento…

Los que en este sentido creemos que en Teoría de la Literatura el feminismo acierta plenamente (por ejemplo al discutir al estructuralismo y su idea de «el autor ha muerto» ,y mejor señalar que no sólo el autor no ha muerto y lo que importa es el texto, sino que, en lo que tiene que ver con  el sujeto del que emana la obra literaria, el hecho de que sea hombre o mujer es sumamente relevante, y al discutir al pensamiento queer que el binarismo hombre mujer no existe ni en su dimensión cultural ni en su dimensión biológica, con la afirmación diferenciada de lo femenino relegado en la historia de las sociedades, de las políticas y de la cultura      -con todo el plus de creatividad disidente, resilente y superviviente que esa relegación conlleva-)…

Sí, nosotros y nosotras, celebramos por todo lo alto el auge de las novelistas de novela negra hispánica pata negra que le han venido a dar un refrescante e inteligente impulso de amplitud al panorama del noir que se escribe en España.

La mirada femenina le hacía mucha falta a nuestro noir, y le hace mucho bien. ¡Pero no siempre!

Por ejemplo acabamos de leer, publicada por la Editorial Alreves, la última novela de Graziella Moreno titulada EL SALTO DE LA ARAÑA. Es la historia en rampante primera persona de Jordi y Alba, una pareja que vive una relación tóxica que les lleva a un prematuro límite, el cual les cambia la vida para siempre. La novela lleva dentro también la historia de Dani, el mejor amigo de la infancia de Jordi, y de como le ayuda a éste a reconstruir sus biográficos pasos, para tratar de entender su devenir y su desgracia judicial, y sufrir por la irreversibilidad de todo lo hecho.

   Pero lo cierto es que resulta ser ésta una novela negra «adolescente» y sobre adolescentes con profundidad de culebrón y, uff, escrita con prosa de atestado.

EL SALTO DE LA ARAÑA, versa pues sobre una relación tóxica, pero la cual está descrita por la autora como si tal toxicidad fuera de juguete (como la autora profesionalmente ejerce como juez, demuestra el relato un gran conocimiento de los procedimientos judiciales y policiales, pero los combina con poca empatía para con víctimas, criminales y agentes del orden, escasa profundidad psicológica y cero en aplicación del derecho con perspectiva de género).

Así las cosas, con estos mimbres el resultado es una novela ajena legal y literaria y psicológicamente a cualquier perspectiva de género. Una novela igualmente blandita desde el punto de vista del noir, pues no aporta nada nuevo ni nada creíble a la descripción del mal, ni menos aún a su entendimiento. Una novela, además, estilísticamente fallida en la que la intertextualidad metaliteraria no funciona.

¡Para esto ya teníamos en el noir la mirada masculina hegemónica!

Sin embargo esto no es todo en la actualidad de nuestro noir, gracias a Dios o a Marx o a quien sea.

Una gran logro supone por el contrario la última novela de Berna González Harbour publicada por la Editorial Destino y titulada EL POZO.

Nos encontramos aquí ante una novela con formato de crónica periodística (por decirlo con un término actualmente muy de Leila Guerriero, Martín Caparrós y Juan Villoro) ficcionalizada y nutrida con diálogos tan inteligentes como ágiles, y sobre todo dotada de una crítica velada pero muy potente a lo peor del periodismo amarillento, sensacionalista y gacetillero de nuestra época.

No, el sensacionalismo y el noir se parecen, pero ni son lo mismo ni tienen nada que ver, nos enseña esta novela, y ésa es su gran aportación epistemológica.

El argumento versa sobre una reportera de televisión que es enviada a cubrir el caso de una niña que ha caído a un pozo y ha de ser rescatada (un caso que llena de resonancias la mente del lector), pero el cual está narrado de forma femenina y feminista en el tono, en la voz y en el alegato sobre la ética del periodismo que subyace en toda la novela, y el cual nos interpela a los emisores y a los receptores de información, y el cual supone una gran aportación.

Vemos en esta novela una historia contada con eficacia, en la cual la autora vuelca sin decirlo la profesionalidad impecable de la escritora, esto es, de una periodista que, por su trayectoria, puede aportar a esta ficción una mirada propia  aleccionadora sin moralina, la cual, además de una novela negra, se convierte en un alegato personal y transferible a favor de la dignificación del oficio que la autora ejerce y ama.

Con esta novela titulada EL SALTO DE LA ARAÑA Graziella Moreno nos hace no entender muy bien que pueda tener prestigio y resonancia esta novela por motivos estrictamente literarios.

Con esta novela titulada EL POZO Berna González Harbour demuestra que es buena en este registro suyo, y que merece la fama que tiene como novelista negra.

Lean lo que escriben las mujeres, sí, se lo recomiendo: están mejorando el mundo.

Raquel Gámez Serrano – Escritora

Artículo de opinión:  CHURRAS Y MERINAS

Firmado por: RAQUEL GÁMEZ SERRANO

Réplica publicada en 15 de Septiembre 2021 en el periódico digital EL TAQUÍGRAFO

Réplica publicada en 15 de Diciembre 2021 en la revista digital EL SAYÓN

No debe ser una gran noticia que un escritor como Luis Artigue «celebre por todo lo alto el auge de las novelistas que han venido a dar un refrescante e inteligente impulso de amplitud al panorama». Empezamos mal. Las escritoras de novela criminal no han venido, ya estaban mucho antes que usted, algunas se remontan a tiempos victorianos. Nombres como Catherine Louisa Pirkis, Mary E. Wilkins, Anna Katharine Green fueron silenciadas en el decurso de los años, a pesar de que algunos de sus libros fueran best-sellers en su época, por el mero hecho de ser mujer. También fue el caso de Margaret Millar, injusto y flagrante, forzada a mantenerse a la sombra en favor de su esposo, Ross McDonald, al cual superaba, hay que decirlo, en calidad literaria.

Puede que usted esto, a estas alturas, aún no lo sepa. Será porque las cabezas pensantes como la suya nos siguen silenciando con actitudes condescendientes, léase su artículo «Feminismo y novela negra» como ejemplo. O será porque cada vez que nos invitan a festivales, nos concentran en una mesa redonda, la de las novelistas, como bichos raros a los que dar de comer aparte, o como si nuestros libros formaran un subgénero dentro de otro mayor, claro, el de los hombres.

Le voy a sacar de su error y, créame, señor Artigue, me lo agradecerá, se evitará más de un chaparrón porque las cosas están cambiando y no nos callamos: la exclusividad de la novela criminal no la tiene el hombre y por tanto no hace falta que un compañero de profesión nos diga cuál de las migajas es la buena. ¿A qué viene comparar dos autoras tan reconocidas en el género criminal español como Graziella Moreno y Berna González? Es como mezclar churras con merinas. Oiga, usted ya tiene el suficiente bagaje para saber que eso es hacer trampa, no solo a un nivel moral, atacando a una compañera, ensañándose gratuitamente, sino tergiversando la misma Teoría Literaria, la cual usted ondea a la mínima de cambio a su antojo y conveniencia.

Señor Artigue, usted exige a la novela escrita por una mujer -al fin y al cabo, estamos hablando de esto- una mirada feminista cuando desconoce el término y, en cualquier caso, parte de silogismos erróneos. Si bien es cierto que la teoría literaria feminista, tal como sucede con los estudios de género y la teoría queer, ponen en entredicho la naturalidad de las abstracciones conceptuales y priorizan la subjetividad dentro de las estructuras y del acercamiento teórico, también es cierto que el receptor que las interpreta, en este caso el crítico literario, no debe pervertirla. No nos interesa si un personaje se llama Jordi u ocupa el cuerpo de un hombre, nos interesa su conciencia como quicio en la sociedad y en eso, la señora Graziella Moreno con El salto de la araña, lo borda. Si usted no lo ha entendido, es una carencia suya que resulta injusta que la traslade a los demás. Estamos cansadas de que por ser mujeres se nos exija una mirada «femenina» y, además, al gusto de los hombres. Así que no juzgue, no manipule y demuestre que sabe ejercer la crítica literaria. No es fácil, una de sus máximas es no dejarse llevar por sus pasiones. Las escritoras, cultiven el género criminal o no, escribimos lo que queremos, que para eso somos libres como ustedes. Y, déjeme que le diga para acabar que, por higiene mental, desempeñamos nuestra profesión lejos de su beneplácito.

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